EL INICIO DE NUESTRA FE

Vivimos en un mundo que cada día está más decadente, un mundo caótico, desenfrenado, sin afecto natural, donde reina el mal en las mayorías. Estamos viviendo en una era que sin duda alguna está llegando a su fin.

El mal como tal tomó lugar en esta era, desde el momento que el hombre Adán decidió desobedecer a su Creador. Desde ese momento el pecado entró al mundo, y el pecado concibió la muerte:

«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12).

Y por mucho tiempo el hombre vivió así, condenado a la muerte sin ningún tipo de esperanza en el mundo.

A causa del pecado y la inclinación del hombre al mal, aparecieron muchos dolores en los seres humanos. Y es de ahí que mucha gente tanto fuera como dentro de las iglesias, se comenzaron a hacer una pregunta en común, unos la hacen para atacar a Dios y otros simplemente para poder encontrar una explicación, según ellos, al mal.

La pregunta es: Si Dios es bueno, ¿por qué sufrimos?

Honestamente, en la Biblia no encontramos ninguna explicación que justifique a Dios ante la realidad del mal en el mundo. Para la Biblia, el mal simplemente es injustificable, inadmisible e inaceptable. Y es por ello, que Dios ha iniciado ya el proceso para acabar con el mal en el mundo.

Dios tiene un plan para acabar con todos los males del mundo, un plan para restaurar la tierra, un plan para que el hombre pueda vivir a plenitud en la tierra.

Este plan divino de salvación nace en las Sagradas Escrituras y culminará, según su último libro, el Apocalipsis, en una comunidad humana en total armonía con su Creador.

El primer paso de este plan de salvación fue el llamado de Abraham. Este hombre nació como Abram en Ur, ciudad de Caldea, hijo de Taré, descendiente de Sem.

La respuesta de Dios al mal en el mundo fue iniciar una amistad con un hombre concreto y su familia. Mediante esta relación personal, continuada en los hijos de Abraham, toda la descendencia de este, los israelitas, pudieron conocer al Dios verdadero.

Note por favor, la importancia de las familias para Dios, Él desea que a través de ti, toda tu familia le conozca. Imagínese usted por un momento ¿qué hubiese pasado si solo Abraham le cree a Dios y no transmite su fe a su hijo Isaac? En definitiva, hasta ahí hubiera llegado el plan con Abraham y sus descendientes. Dios tiene un plan, que no solo te incluye a ti, sino también a toda tu familia.

Tras recibir la promesa de Dios, que haría de él una nación grande, se trasladó a la región de Canaán, donde vivió como nómada, sin dejar de creer ni por un momento en la promesa de que seria heredero del mundo. (Romanos 4:13).

Es por eso que Abraham constituye una parte muy importante de la historia bíblica en el plan de salvación y es considerado el padre de la fe. Tanto los judíos como los cristianos lo consideramos el receptor de la bendición para todos los pueblos, como está escrito:

«Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra». (Génesis 12:3).

El pueblo de Israel lo ha considerado y lo ha recordado siempre como un modelo de hombre justo y ejemplo a seguir. En las épocas más difíciles de la historia de Israel, los profetas siempre intentaron devolver la confianza a su pueblo recordándoles a Abraham y su alianza con Dios:

«Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué». (Isaías 51:1-2).

Jesús nació en este pueblo, heredó la fe monoteísta en el único Dios de Israel, Jesús es judío, descendiente de David, descendiente de Abraham. (Mateo 1:1).

Sin embargo, Jesús nos enseñó que la pertenencia a Israel no era una cuestión étnica (como se creía en ese entonces), sino de obediencia a la voluntad de Dios. Y el apóstol Pablo lo enseñó también así:

«Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios». (Romanos 2:28‭-‬29).

Para el Nuevo Testamento, Abraham es el primer creyente del evangelio y modelo de fe:

«Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones». (Gálatas 3:8).

Es decir, Dios le predicó el evangelio de antemano a Abraham (La buena noticia de la venida del Mesías). Este es el mismo evangelio que Dios todavía ofrece hoy para que todos crean en el Mesías.

«De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham». (Gálatas 3:9).

«Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo». (Gálatas 3:14,16).

«Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa». (Gálatas 3:29).

En su carta a los Efesios, el apóstol Pablo nos enseña que en Cristo Jesús ya no son dos pueblos, sino uno solo:

«En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios». (Efesios 2:12‭-‬19).

A como pudo leer, ahora todos los pueblos de todas las naciones son invitados a formar parte de la descendencia de Abraham, mediante la fe en Cristo, para juntos en un solo pueblo formar así el Israel de Dios.

La carta a los Hebreos nos presenta también a Abraham como ejemplo a seguir, por su fe obediente. (Hebreos 11:8, 17-20).

Habiendo dicho todo esto, es necesario que todo cristiano que tome en serio su caminar en la fe, conozca y comprenda que ser cristiano es ser partícipe de esta concreta historia de salvación que se inició con Abraham (el padre de la fe), que tuvo su punto principal en Jesús (el autor y consumador de dicha fe), y que concluirá en el reino de Dios, en la Era venidera, cuando todo sea restaurado y obtengamos el regalo de la vida indestructible.

Ser cristiano no es solo creer en Jesús, sino también es tener la fe de Jesús, que es la misma fe de Abraham, es creer en el Dios de Abraham, que es el mismo Dios de Jesús, es creer en las promesas hechas a Abraham, confirmadas por nuestro señor Jesús. (Romanos 15:8). Y la promesa hecha a Abraham y a sus descendientes (entre ellos, los que lo son por medio de la fe), es: Heredar el mundo. (Romanos 4:13).

Nuestra historia de fe, proviene desde el patriarca Abraham, con él inició, y hoy, aproximadamente más de 4,000 mil años después, somos de los que han creído en el único Dios verdadero, el que llamó a Abraham, el Padre de Jesús, hemos abrazado la fe; unos ya han acabado su carrera, nosotros que todavía continuamos en esta carrera de la fe, extendámonos hacia adelante, prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento que nos ha hecho Dios en Cristo Jesús.

Esta era maligna ya está llegando a su fin, Dios ha decidido acabar pronto con el mal y restaurar todas las cosas. Ahora está mas cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. (Romanos 13:11). Oremos a Dios cada día: Padre que venga tu reino a la tierra.

Esperando que este artículo sea de mucha edificación y fortalezca tu vida de fe, te animo a seguir en esta carrera, porque gran galardón te espera.

«Que Dios les de cada vez más gracia y paz a medida que crecen en el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro señor» (2 Pedro 1:2).

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