EL TESTIMONIO DE JESÚS EL CRISTO

Por encima de los concilios post-bíblicos y las opiniones de los hombres basadas en tradiciones, está el claro y legítimo testimonio de Jesús el Cristo. Él es el más indicado o autorizado para decirnos si él es el Dios único y verdadero. Para ello es importante leer la Biblia, y en particular, los evangelios, en donde están registrada sus palabras.

Veamos a continuación y leamos sin ningún prejuicio las simples y sanas palabras de nuestro señor Jesús:

Jesús reconoció que sólo su Padre es el único Dios Verdadero: Aunque parezca increíble, Jesús mismo contradice la doctrina de la Trinidad, y como todo judío, creyó y enseñó el monoteísmo, la fe del antiguo pueblo hebreo.

En Juan 17:3 él dice de su Dios y Padre: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti (Padre), el único Dios verdadero, y a Jesús Cristo, a quien has enviado».

Este pasaje debe ser leído con cuidado y debe ser escudriñado profundamente con sinceridad y sin prejuicios. Notemos que Jesús dice aquí que la vida eterna consiste en conocer a dos personas:

  1. Al Dios Padre, quien es el único Dios verdadero.
  2. A Jesús Cristo, como el enviado de Dios.

Jesús no dice que el Padre y él son «el Dios verdadero», sino solo su Padre. No obstante, contradiciendo a Jesús, los que creen en la Trinidad tuercen y no hacen caso a esta enseñanza de Jesús, al decir que el hijo es también el Dios verdadero. ¡Pero Jesús nunca dijo ser el Dios verdadero! Este texto es contundente, y, no obstante, pasado por alto por muchas personas.

En otra ocasión Jesús les dice a sus discípulos: «porque el Padre mayor es que yo» (Juan 14:28). Esta declaración de Jesús lo coloca a él como menor al Padre, definitivamente.

Como réplica a las propias palabras de Jesús, los que creen en la Trinidad dicen que Jesús estaba hablando como hombre y en esa condición era menor que Dios Padre. Pero ¿no deberíamos esperar que todo hombre sea menor que Dios el Padre? ¿Qué de nuevo estaría diciendo Cristo con eso? ¿No sería algo evidente que cualquier hombre es menor que Dios? Cristo estaba hablando de algo más transcendental, y esto es que Cristo, el hijo de Dios es menor o inferior al Padre, ayer, hoy y siempre.

Jamás encontraremos en la Biblia la frase: Dios el Hijo ni tampoco Dios en la carne. Al contrario, Jesús nos enseña que él mismo tiene a su Dios:

«…subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios, y a vuestro Dios» (Juan 20:17).

En el momento de su crucifixión Jesús exclamó a Dios: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46).

Pero el texto más claro y el que nos debe de hacer reconocer que Jesús no es el Dios todopoderoso ni es parte de una Trinidad, es el de Apocalipsis 3:12. En este pasaje, el Cristo glorificado, inmortal y entronizado en el cielo dice: «Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo».

La pregunta lógica que debe hacerse todo creyente del dogma de la Trinidad es: ¿Por qué Jesús sigue llamando al Padre como «mi Dios» cuatro veces, ya estando en el cielo, si ya dejó de ser hombre en el cielo?

Lo cierto es que en el cielo Jesús sigue teniendo a su Dios. Y si en el cielo Jesús sigue teniendo a su Dios, entonces él no ha dejado de ser un hombre, aunque ciertamente ya en la condición de glorificado, ahora inmortal que ya no vive como todos los seres humanos por la sangre (porque él ya no tiene sangre), sino que vive por el poder de Dios.

Si Jesús es Dios como el Padre, entonces, ¿por qué Jesús desconoce el día y la hora de su propia venida y del fin del mundo?

Él dijo claramente a sus discípulos: «Pero de aquel día y de la hora nadie lo sabe, ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el hijo, sino el Padre» (Marcos 13:32; Hechos 1:6,7).

Sí, así como leyó, Jesús no sabe cuándo es la fecha de su retorno. Pero nos dirán nuevamente que Cristo hablaba como hombre. Pero, ¿no es de esperar que todo hombre ignore la fecha del fin del mundo? Una vez más, ¿qué de nuevo estaría diciéndonos Jesús? Nuevamente insisto en el hecho que Jesús hablaba como hijo de Dios y como hombre. ¡El hijo de Dios no lo sabe todo! Y si no sabe todo es porque no es el Dios Omnisciente y Todopoderoso.

En una ocasión un hombre le dijo a Jesús: «…Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno, sino sólo Dios» (Lucas 18:18-19).

Aquí se suscita otra pregunta: Si Cristo es Dios, y Dios es el único bueno, ¿por qué rechazó Jesús la confesión de que él era bueno? Jesús se excluyó de Dios que es el único bueno y corrigió al muchacho.

En Mateo 5:8 Jesús mismo dice: «Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios».

Aquí surge otra pregunta, si Cristo era Dios, ¿por qué dice que sólo los de limpio corazón verán en a Dios? Si Cristo era Dios, entonces no sólo los de limpio corazón estaban viendo a Dios, sino también los pecadores incorregibles. Recordemos que a Jesús muchos le vieron y no se arrepintieron de su sucio corazón. Por tanto, Cristo no podía ser Dios.

En Juan 10:29 Jesús dice: «Mi Padre que me las dio, es mayor que todos». Este texto, junto con el de Juan 14:28, confirma el hecho de que Cristo no es igual que Dios el Padre.

Y en Juan 5:19 Jesús dice: «De cierto, de cierto os digo: No puede el hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el hijo igualmente». Esta es una extraña declaración de Cristo si creemos que él es Dios como su Padre.

Note por favor, que Cristo imita a su Padre y no a la inversa. Jesús no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que hace su Padre eso hace él. Obviamente Cristo está sujeto a su Padre y hace lo que él le enseña.

En Marcos 10:40 Jesús dice: «Pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino para aquellos a quienes está preparado». En el reino de Cristo habrá puestos de autoridad que sólo Dios ha destinado para sus hijos. Jesús afirma que a él no le corresponde señalar los lugares o posiciones de autoridad, solo a su Padre.

Por tanto, amados hermanos, prestemos mucha atención al testimonio que nos ha dejado Jesús. Pues al final Dios mismos es quien nos ha dicho: «Escúchenlo a él». (Mateo 17:5; Marcos 9:7; Lucas 9:35). Lamentablemente Jesús no está siendo escuchado en las congregaciones donde se reúnen y donde paradójicamente le llaman señor.

El testimonio de Jesús, sus palabras son más valiosas que cualquier tradición que nos hayan inculcado, prestémosle pues atención al maestro. Esperando como siempre que este artículo sea de edificación a tu vida.

«Gracia y paz le sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro señor Jesús» (2 Pedro 1:2).

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