LA MENTIRA DE LA SERPIENTE: «NO MORIRÁS»

Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre un alma viviente. (Génesis 2:7 RVES).

La Biblia es bien clara en afirmar que en el momento de la creación del hombre, Dios lo formó del polvo de la tierra y una vez formado, sopló en la nariz del hombre aliento de vida y fue el hombre un alma viviente.

Note por favor, lo que dice la Escritura, el hombre: alma viviente. Es importante empezar por este pasaje, ya que es el indicado porque nos narra la creación del hombre, este pasaje nos dice que el hombre es un alma, no que tiene un alma. No es tan difícil creer la simple verdad de la Biblia, cuando se le quiere creer solo a ella, lo que dice ella.

Es eso lo que todo cristiano cuidadoso y lector serio de la Biblia debe saber y tener muy claro, por encima de cualquier otro concepto.

Para tener mayor amplitud, veamos lo que significa en los idiomas originales la palabra alma.

En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea que generalmente se traduce para alma es נֶפֶשׁ y se pronuncia néfesh, esta aparece más de 750 veces y se traduce principalmente como: «ser viviente» «persona» «vida».

La palabra a veces se refiere a la persona en su totalidad, como por ejemplo en Génesis 2:7 donde Dios formó al hombre y sopló hálito de vida y fue el hombre un alma viviente (néfesh).

En Génesis 12:5 se nos narra que Abraham toma a todas las almas que estaban con él en Harán y se dirige hacia Canaán:

«Y tomó Abram á Sarai su mujer, y á Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas (néfesh) que habían adquirido en Harán, y salieron para ir á tierra de Canaán; y á tierra de Canaán llegaron». (Génesis 12:5).

Seguro estoy que todos estaremos de acuerdo en que lo que Abraham tomó fue a las personas que habían adquirido en Harán, personas vivas y no «almas incorpóreas».

En otro pasaje se usa para referirse a una persona muerta: «Todo el tiempo que se aparte para Jehová, no se acercará a persona (néfesh) muerta». (Números 6:6).

Sí, una persona es un alma, obviamente si está viva es un alma viviente, si muere es un alma muerta a como lo dice el texto que acabamos de leer, pero no deja de ser un alma, ni se «convierte» en otra cosa en el momento de la muerte.

Es necesario resaltar también que la palabra néfesh no es una palabra única para el ser humano, de hecho, se usa tanto para los seres humanos como para los animales:

«Y dijo Dios: Esta será la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y toda alma viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos». (Génesis 9:12).

Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río. (Ezequiel 47:9).

Esto nos enseña que tanto el hombre como los animales son almas, no son seres ni bipartitos (cuerpo y alma), ni tripartitos (espíritu, alma y cuerpo), que puedan separarse entre sí.

A como puede apreciar, no existe en el Antiguo Testamento ni en el pensamiento del antiguo pueblo hebreo la creencia que hoy muchos tienen en relación al alma.

En el Nuevo Testamento la palabra griega para alma es ψυχή y se pronuncia psijí, esta es el paralelo de la palabra hebrea néfesh, e igual se usa para referirse tanto a personas como a animales:

«Toda alma (psijí) se someta á las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas». (Romanos 13:1).

«Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas«. (Hechos 2:41 LBLA).

«Y será, que cualquiera alma (psijí) que no oyere a aquel profeta, será desarraigada del pueblo». (Hechos 3:23).

«Así también está escrito: «Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente«. (1 Corintios 15:45).

«Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como de un muerto; y toda alma viviente fue muerta en el mar». (Apocalipsis 16:3).

Alguien quizás podrá decir: «entonces somos como los animales». A lo que respondo: Estamos claros que como la corona de la creación de Dios, tenemos capacidades, raciocinio e inteligencia que los animales no poseen, pero escrito está que poseemos ciertas similitudes, por ejemplo la Biblia dice que tenemos el mismo aliento de vida y que ambos morimos por igual:

«En realidad, hombres y animales tienen el mismo destino: unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos. Nada de más tiene el hombre que el animal: todo es vana ilusión». (Eclesiastés 3:19).

A como puede notar, la Biblia es clara en este tema, el hombre y aun los animales son almas y también las almas mueren, ya que las almas no son inmortales, son mortales:

«He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá». (Ezequiel 18:4).

En la Biblia no existe el concepto de que el alma queda de alguna manera «viva» después de la muerte, en la Biblia el alma (persona) que pecare, morirá.

Contradiciendo a la Biblia, en la mayoría de las religiones enseñan que el hombre está, según ellos, «compuesto» por tres cosas: espíritu, alma y cuerpo. Que dicha alma en el momento de la muerte, «se sale» del cuerpo de una manera «consciente», y que las personas continúan existiendo en forma consciente después de la muerte física.

Por ningún lado usted va a encontrar en la Biblia un solo versículo que nos diga que el hombre tiene un alma dentro de su cuerpo, mucho menos que queda consciente después de la muerte. Lo que la Biblia nos enseña es que el hombre es un alma, también nos enseña lo que sucede con el hombre (alma) en el momento de la muerte:

«Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio». (Eclesiastés 12:7).

Lo cierto es que la Biblia dice que lo único que vuelve a Dios cuando el hombre muere, es el hálito de vida que Dios sopló en el momento de su creación. Si usted nota, tanto el relato de la creación del hombre como el texto de Eclesiastés están en total armonía, el hombre fue formado del polvo de la tierra y Dios sopló en sus narices el hálito de vida y así fue el hombre alma viviente.

Es bueno comprender que lo que mantiene con vida al hombre y le da la energía para hacer, pensar y moverse es el hálito de vida que Dios sopló en sus narices con el cual todos los sistemas del hombre empezaron a funcionar, hasta el día que ese aliento es quitado de él, que es lo que conocemos popularmente como dar su último suspiro de vida:

«Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos». (Salmos 146:4).

Las almas mueren literalmente, no hay conciencia después de la muerte en ninguna alma:

«Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido». (Eclesiastés 9:5).

La doctrina del alma inmortal, es totalmente opuesta a lo que enseña la Escritura. Creer que las almas viven de alguna manera después de la muerte, es creerle la mentira a el Satanás: «No morirás». (Génesis 3:4).

La Biblia enseña que el único que tiene inmortalidad es Dios:

«Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén». (1 Timoteo 1:17).

Nosotros los Cristianos y todos los hijos de Dios a lo largo de la historia, buscamos la inmortalidad, la vida indestructible:

«Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad». (Romanos 2:7).

Por lo tanto, es necesario comprender que todos los muertos de todas las eras, tanto buenos como malos, hoy por hoy yacen en el polvo de la tierra. Absolutamente nadie en este momento se encuentra con vida, ya que la resurrección Jesús la vendrá a efectuar en su segunda visible venida:

«No se admiren de esto, porque va a llegar la hora en que todos los muertos oirán su voz y saldrán de las tumbas. Los que hicieron el bien, resucitarán para tener vida; pero los que hicieron el mal, resucitarán para ser condenados». (Juan 5:28‭-‬29 cp. Daniel 12:2).

La doctrina del alma inmortal no tiene que ver nada con la Biblia, es una doctrina que se ha metido en las iglesias y eso ha dado pie para que las personas crean en que «los muertos salen», que sus difuntos «están en el cielo, viéndolos», otros creen en las «almas penando», otros en «hablar con los muertos» y tantas otras prácticas que han surgido de esa falsa doctrina que no tiene que ver nada con las enseñanzas de Dios, pero que sí tiene que ver con la doctrina mentirosa de la serpiente: «No morirás».

Usted estimado lector, ¿a quién le cree? Le cree a Dios cuando dijo:

«Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás». (Génesis 2:17).

«… hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. (Génesis 3:19).

O le cree a la serpiente que dijo: «Pero la serpiente le dijo a la mujer: No es cierto. No morirán». (Génesis 3:4).

Las evidencias bíblicas nos muestran que el hombre es un alma, y un alma mortal, que por ende, muere. El regalo de la inmortalidad es lo que todos los seguidores de Jesús anhelamos, pero sabemos que eso se dará cuando Cristo regrese a la tierra, no antes.

Espero que Dios ilumine tu mente, que quieras y puedas entender esta enseñanza a la luz de la Escritura.

«Gracia y paz les sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro señor Jesús» (2 Pedro 1:2).

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