Convicciones de fe

Nuestra fe se fundamenta en el testimonio de las Escrituras, por medio de las cuales Dios ha dado a conocer su propósito y su voluntad revelada en Jesús el Cristo. Las siguientes afirmaciones expresan las convicciones de fe que enseñamos y procuramos vivir:

• Dios, el Padre

Hay un solo Dios: el Padre, el único Dios verdadero proclamado por el credo de Israel y confirmado por Jesús, el Cristo. Del Padre proceden todas las cosas; en Él tienen su origen la vida, la creación y el propósito divino (Marcos 12:29; Juan 17:3; 1 Corintios 8:6).

• Jesús, el señor y Cristo

Jesús es el hijo de Dios, concebido por el poder de Dios y manifestado en el tiempo conforme al propósito que Dios había determinado desde antes de la fundación del mundo (Lucas 1:35; 2:11; Hechos 2:36; 1 Corintios 8:6; 1 Pedro 1:20).

• El Espíritu Santo

Es el poder y la presencia activa de Dios, mediante la cual Él obra en la vida de los creyentes por medio de Jesús el Cristo resucitado (Salmos 51:11; 139:7; Hechos 6:8; Romanos 8:14).

• Las Escrituras

Formadas por el canon hebreo —la Ley, los Profetas y los Salmos— y por los escritos del Nuevo Testamento redactados en griego, constituyen la revelación inspirada y autoritativa mediante la cual Dios se da a conocer al mundo, revela su voluntad y da testimonio de Jesús, el Cristo (Lucas 24:44; Juan 5:39; 2 Timoteo 3:16).

• La obra redentora de Cristo

Cristo llevó a cabo la redención por medio de su muerte expiatoria y sustitutiva, su resurrección al tercer día y su exaltación a la diestra del Padre, donde permanece hasta que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies (Salmos 110:1; Hechos 2:34–36; 1 Corintios 15:34; Hebreos 10:1213).

• El Evangelio del Reino de Dios

Este evangelio proclama la obra redentora de Jesús y anuncia el Reino que Dios ha prometido establecer, y tiene poder transformador, por medio del cual Dios ilumina el entendimiento y llama a las personas a la fe en Jesús el Cristo, conduciéndolas a una vida nueva conforme a su voluntad (Marcos 1:1415; Mateo 13:23; Lucas 8:12; Juan 6:63).

• El bautismo por inmersión en agua

Como expresión de obediencia de quienes han creído el Evangelio y desean confesar públicamente su fe, identificándose con la muerte y resurrección de Cristo y comenzando una vida nueva conforme al llamado de Dios (Hechos 2:38; 8:12; 16:32–33).

• La libertad del creyente bajo la gracia

La libertad del creyente bajo la gracia y no bajo la Ley, inaugurada por Jesús el Cristo como mediador del Nuevo Pacto. Este pacto contrasta con el pacto mosaico establecido en Sinaí, el cual ya no constituye el pacto bajo el que vive el pueblo de Dios (Gálatas 3–4; 2 Corintios 3; Hebreos 8:13). Por ello, la circuncisión física, la obligación de guardar “toda la Ley”, junto con disposiciones asociadas al calendario, las leyes alimentarias y otras sombras del antiguo orden, no pertenecen al Nuevo Pacto en Cristo (Gálatas 5:3; Colosenses 2:16–17), donde lo temporal es presentado como sombra frente a la realidad que se encuentra en Cristo.

• La realidad del mal espiritual

Las Escrituras presentan a Satanás, también llamado el Diablo, como un ser personal que se rebela contra Dios y es descrito como "el dios de este siglo" por su influencia en el mundo presente (Mateo 12:26; 2 Corintios 4:4; Efesios 6:12). Este mal espiritual se distingue del mal natural del corazón humano. Las Escrituras también mencionan la existencia de demonios, seres espirituales malignos que reconocen la autoridad de Jesús (Lucas 4:41; Santiago 2:19).

• La vida cristiana conforme al ejemplo de Cristo

Los creyentes son llamados a vivir conforme al ejemplo y las enseñanzas de Jesús, en una vida caracterizada por el amor, la paz, la misericordia y el rechazo de la violencia, incluso hacia quienes son considerados enemigos (Mateo 5:44; 26:52; Juan 18:36; 1 Pedro 2:21–23).

• El regreso visible de Jesús el Cristo

Jesús el Cristo, a quien Dios exaltó a su diestra, regresará de manera visible y gloriosa conforme a la promesa anunciada por los profetas y confirmada por los apóstoles. En su venida establecerá plenamente el Reino de Dios, juzgará con justicia y consumará el propósito divino para la humanidad y la creación (Hechos 1:11; 3:21; Mateo 24:30; Apocalipsis 11:15; 1 Corintios 15:24–25).

• La resurrección futura de los fieles

En la venida de Jesús el Cristo, los fieles de todas las eras serán resucitados por Dios. Participarán en la vida del Reino que él establecerá y compartirán con Cristo la administración de la tierra renovada conforme al propósito que Dios ha prometido(1 Corintios 15:23; 6:2; 2 Timoteo 2:12; Apocalipsis 5:10).

• El valor de la vida humana

La vida humana posee un valor único por haber sido creada por Dios. Por ello afirmamos su dignidad desde la concepción hasta su fin natural, por lo que rechazamos el aborto y toda práctica que atente contra la vida (Salmos 139:13–16; Jeremías 1:5; Lucas 1:41–44).

«Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad».
Juan 17:17