VIENDO LO QUE NADIE VE EN LA ADVERSIDAD

Amados hermanos, pensamos que tienen que estar al tanto de las dificultades que hemos atravesado en la provincia de Asia. Fuimos oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar y hasta pensamos que no saldríamos con vida. De hecho, esperábamos morir; pero, como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar solo en Dios, quien resucita a los muertos. (2 Corintios 1:8‭-‬9 NTV).

Sin lugar a dudas, a la mayoría de nosotros nos ha tocado vivir en un tiempo donde cada día se nos informa de la situación mundial catastrófica, y si a eso le añadimos las situaciones personales incómodas, difíciles de manejar, que nos acontecen, es muy fácil que cualquiera de nosotros lleguemos a caer en una completa desesperanza.

Pero de eso, a estar en la situación en la que el apóstol Pablo se encontró y de la que nos narra en ese texto, hay mucha distancia, porque una cosa es estar agobiado, y otra cosa es estar tan agobiado más allá de mi capacidad de aguante, porque de una u otra manera, todos tenemos aguante, todos sabemos lo que es aguantar ciertas cosas.

Pero cuando la vida se vuelve tan pesada, cuando las tribulaciones se ponen tan difíciles, tanto así de llegar al punto de decir: «Hasta perdí la esperanza de salir con vida», Eso ya es otra historia.

Ni siquiera podemos acercarnos a lo que Pablo pasó en ese momento. Pablo siendo un hombre tan fiel a Dios fue puesto y sometido a tanta oposición en el primer siglo, que la gente no le aplaudía a él porque predicaba, la gente lo apedreaba porque predicaba.

No sé cómo te encuentras hoy, qué tan difícil es la prueba o tribulación que estés pasando. A veces nos encontramos en momentos donde no queremos saber nada. A veces no hay predica, no hay versículo ni alabanza que nos haga sentir mejor, porque quizás es un momento donde no estás para escuchar nada, y esto hasta cierto punto es entendible.

Pero ahora yo te voy a hablar de las bendiciones que hay en la prueba, porque es necesario comprender que todo lo que nos acontece dentro de los caminos del Señor, tiene lecciones y bendiciones que por estar enfocados en la situación adversa, muchas veces pasan desapercibidas. Sin embargo, el apóstol Pablo escribió esto para enseñarnos varias lecciones que él aprendió en esa gran prueba que pasó, veamos:

1. PODAMOS SER LIBRADOS DE LA AUTOCONFIANZA:

En el texto Pablo dice: «… pero, como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar solo en Dios…». (2 Corintios 1:9b).

En las noches más oscuras de la vida hay una lección que uno puede aprender, y es entregar el control, especialmente cuando la prueba pide tanto de mí, que ya no puedo confiar ni siquiera en mi capacidad de aguantar.

Y eso que suena tan feo, que suena tan difícil, es tu mayor bendición, porque cuando una persona suelta la confianza en sí misma, se puede lanzar en los brazos del Dios que nunca nos deja y que nos puede ayudar a navegar lo peor en nuestra vida, de una manera que lo glorifique a Él.

Porque a nosotros los cristianos nos gusta decir: «Sí, yo confío en Dios, pero aquí yo tengo el sartén por el mango». Pero cuando hay momentos que nos quitan el sartén de la mano y decimos, ¿qué hago ahora? ¿De dónde yo agarro ánimo? ¿De dónde yo agarro fuerzas?

Y es ahí donde Pablo nos dice, cuando fui llevado a ese punto donde ni siquiera podía confiar en mí mismo, encontré que hay una oportunidad en la prueba, me da la bendición, me regala la bendición de soltarlo todo en las manos de Dios, de reconocer que en realidad yo nunca he estado en control de nada, que yo no puedo estar en control ni de mi destino y que hay uno que sí tiene el control de mi vida y ese me pide: ríndete, rinde el control o lo que tú crees que puedes controlar. Rinde tu vida, a tu familia, rinde tus sueños, rinde tus luchas, suéltate, suéltate en las manos de Dios.

Usted puede saber mucho acerca de Dios, quizás tenga tantos años escuchando la palabra de Dios, pero otra cosa es cuando a través de una circunstancia difícil, te dicen: «Suelta el timón de tu vida, dame las riendas a mí, y aprende a confiar solo en mí».

O tienes al Dios vivo contigo o no sirve de nada lo que hayas escuchado, más vale que tu fe sea real en el Dios todopoderoso. Porque una idea no te saca de ahí, un argumento no te saca de ahí, una frase religiosa no te saca de ahí.

Yo analizo mucho estos pasajes, porque me doy cuenta de algo, y es que yo tengo años de profesar el cristianismo, de estudiar la Biblia, que uno se vuelve profesional, uno sabe qué decir, qué hablar, yo confieso la palabra, etc. Pero en los momentos de pruebas y tribulaciones, lo que vale es que sepas con toda certeza y seguridad que tienes al Dios vivo y que toda tu confianza esté puesta en Él y solo en Él.

2. CONOZCAMOS AL DIOS QUE NOS CONSUELA:

Pablo había conocido al Dios de Israel, al Dios de Jesús, al Dios todopoderoso, pero en esa situación adversa conoció al Dios que consuela, así lo describió el apóstol:

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro señor Jesús el Cristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones…». (2 Corintios 1:3-4).

Hay momentos donde no hay palabras que nos consuelen, pero cuando tengo al Dios vivo, Él es la fuente de mi consolación, yo tengo un hombro donde puedo llorar, tengo un Padre que me va a aconsejar, yo tengo uno que no me va a soltar, lo sienta o no lo sienta, yo sé que Él está conmigo, porque Él se ha hecho real en mí vida, sé que Él es mi ayudador, sé que Él no va a faltar a su palabra. Dios es quien siempre nos consuela y nos ayuda.

Yo no sé que adversidad estarás pasando hoy, pero quizás la mayor bendición en medio de adversidad, sea que permitas realmente que Dios te consuele. Usted me puede decir: «Yo estoy dispuesto y rendido a Dios». Y yo te pregunto: ¿Estás seguro? Con esto yo no estoy poniendo en duda tu fe, solo estoy diciendo, hay lecciones que he aprendido en la prueba que Pablo me enseña, en donde me doy cuenta que yo creía que estaba muy rendido, pero no lo estaba, yo todavía estoy batallando, todavía estoy sudando y tratando de manejar alguna cosa, y lo único que necesitas es dejar que Dios te consuele, dejar que Dios sea tu ayudador, entender que Dios tiene el control real, que a Él nada le toma por sorpresa y entendiendo esto, rendir tu vida en obediencia a Dios.

Yo te digo hoy, ¿por qué no dejas de luchar con tus fuerzas? y le dices al Señor: «toma el control de mi vida, haré lo que tú me digas».

3. SEAMOS CAPACITADOS PARA AYUDAR A OTRAS PERSONAS:

Porque lo creas o no, lo que estás viviendo hoy, será un testimonio para otros mañana:

«Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros». (2 Corintios 1:4).

Hay una sabiduría que no vas a encontrar sino es en medio de la prueba, hay una llenura que nunca vas a probar si no es en medio de la pérdida, hay una fortaleza que nunca se va a desarrollar en ti si no es cuando has sido débil, y solo el Señor te da esa fuerza.

Porque el Señor promete que aquellos que en medio de la dificultad, recurren a Él, y sólo a Él, a esas personas Él les da fuerzas que no conocían, como te está dando en este momento a ti hoy:

«Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas». (Isaías 40:29).

Quizás ahora estés pasando momentos difíciles, de angustia y dolor, donde aparentemente no ves nada positivo en ello, pero hoy es un buena oportunidad para reflexionar y darte cuenta que estas tres bendiciones dadas en lecciones, están ahí esperando por ti, para que ya no sigas tratando de resolver las cosas a tu manera, sino que permitas que sea Dios quien tome el timón del barco de tu vida, así vas a poder conocer que Dios quiere consolarte en medio de tu tristeza, que Dios desea cambiar tu lamento por baile y que todo lo que atraviesas hoy, mañana será tu sabiduría para saber consolar también a otros.

Cambia tu manera de pensar y ve lo bueno que Dios tiene para ti aun en medio de esa tribulación que te agobia, piensa que eso también pasará, pero lo aprendido eso sí que perdurará. Al igual que hizo el apóstol Pablo, dejemos de confiar en nosotros mismos y aprendamos a confiar solo en Dios.

Oro a Dios para que esta reflexión te ayude en cualquier situación adversa que estés pasando en este momento.

«Que Dios les dé cada vez más misericordia, paz y amor» (Judas 1:2 NTV).

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